Puedo decir que casi todo lo que soy como trabajadora social se me quedó grabado a fuego en mis primeros años de práctica profesional, conocí a personas impactantes, valientes, supervivientes, crueles, y parte de todas esas experiencias influyeron en mi ADN profesional.

Cómo era yo

El caso sobre el que voy a hablar fue en el transcurso del año 2003, llevaba apenas dos años como trabajadora social en el departamento de inmigrantes y refugiados de Cruz Roja en Toledo, cada caso me sorprendía y tenía que crear estrategias propias de afrontamiento, no es que ahora sepa mucho más pero es que en ese momento no sabía casi nada, una cosa es la teoría y otra cosa es enfrentarse a situaciones “adultas” donde no tienes experiencias vitales y yo tenía 23 años, y solamente ganas de aprender y ayudar.

Sobre el proyecto

En ese momento disponíamos de un proyecto a nivel estatal, con recursos limitadísimos, llamado “Retorno Voluntario por Razones Humanitarias” (creo que debería ser básico en la cartera de proyectos y herramientas de Cruz Roja).

El nombre deja poco lugar a dudas, básicamente gestionamos el viaje de vuelta de personas que de otra forma no se podrían ir y acreditaban unas “motivaciones humanitarias”, además intentábamos garantizar que en el país de acogida se pudiera dar cobertura a esta persona según su situación.

Está claro que por “razones humanitarias” puede ser todo lo amplio que las trabajadoras sociales queramos, y de hecho en alguna ocasión así me lo quisieron vender, pero cuando me encontraba los casos que verdaderamente me llegaban a la piel llegó un momento que detectaba estas situaciones rápidamente.

Sobre el caso

El expediente se abrió en Cruz Roja por una coordinación con un centro hospitalario, el equipo de trabajo social que ya estaba gestionando este caso se encontraron con un embudo, habían conseguido una compleja gestión sanitaria, jurídica y laboral, había sido un caso largo, trabajoso, pero con un desenlace estupendo, a pesar de esto el paciente se encontraba sin salida en el hospital, si le daban el alta se quedaba en la calle, y no disponía de medios sociales y de momento económicos para volver a su casa.

El equipo había gestionado el posible traslado hasta el aeropuerto y acompañamiento social del paciente, pero no disponían de medios económicos para más.

De cara a mí era un caso relativamente sencillo, la gestión del hospital había sido impecable, y el trabajo en red muy bien visualizado, (El acompañamiento lo gestionó una asociación con voluntarios-as del propio hospital), y solo quedaba el trámite de la realización de mi entrevista para conocer al paciente, contrastar datos y garantizar su llegada.

Sobre el usuario

Llegó el turno de conocer a Gintaras (así era su nombre), me estaba esperando, a la expectativa de lo que le iba a preguntar. La entrevista se desarrolló en la habitación del hospital, era un espacio con mucha iluminación natural, pero con un ambiente denso, duro.

La entrevista transcurrió con normalidad, me relató, como pudo y de forma más o menos mecánica, lo que le había sucedido, un accidente laboral, cómo había llegado hasta ese momento en el que se encontraba, me habló de las expectativas que tenía para volver a su casa, de cómo le estarían esperando sus familiares, ya tenía una carta manuscrita indicando quién se haría cargo de su acogída, todo dentro de la normalidad, pero eso no es lo que me hace recordar este caso.

En un momento de la entrevista él paró, me miró a los ojos y me dijo “Gintaras”, me seguía mirando y me volvió a repetir “Gintaras”, yo no entendía nada y me señaló el dedo. Hacía unas semanas me habían regalado un anillo de ámbar, y él lo señalaba volviendo a repetir gintaras es ámbar”, “yo soy ámbar”, pero no fueron sus palabras lo que me impresionó, sino su mirada.

Buscando imágenes para esta entrada, encontré a este archiconocido personaje, y creo que es el que mejor encarna el físico de Gintaras y la intensidad de su mirada en ese momento.

Resolución del caso

Esta anécdota quedó ahí, el proyecto se gestionó correctamente, emití el informe al departamento correspondiente, y a pesar de que el presupuesto ya estaba prácticamente ejecutado conseguimos que se aprobara rápidamente. Entregué los billetes, las instrucciones, y Gintaras se marchó.

Lo curioso de la historia, es que en la hora que se suponía que su avión llegaba a su ciudad mi anillo de ámbar se partió.

Situación actual del usuario

Una vez que los-as retornados-as llegaban a su destino debíamos confirmar que había finalizado el tránsito correctamente y que había sido acogido, como le esperaban sus familiares no teníamos que realizar ningún trámite con la Sociedad Nacional de Cruz Roja del país de destino ni mediante el Servicio Social Internacional (SSI), pero yo no tuve por su parte ningún feedback. (Desgraciadamente esto es más habitual que lo que debería).

Aún recuerdo su nombre y apellidos, su país y ciudad de procedencia pero a raíz de este post y por obra y arte de las redes sociales lo he visto, su aspecto es bueno. No sé más.

Reflexión

Mi primera reflexión es que en trabajo social debemos buscar siempre las posibilidades de trabajo en red, no tenemos una barita mágica en nuestro cajón que resuelva todo, no sé el por qué de esa tendencia que tienen muchos-as en ningunear lo que hacen otros-as en vez de llevarlo a su terreno.

Es imprescindible aparcar nuestros egos y conocer y aprovechar los recursos y capacidades de nuestro entorno, además saber utilizarlos. No debemos tener miedo a trabajar con entidades de diversa índole, nuestro objetivo es la persona que tenemos delante, no las herramientas que utilizamos. Ojo no digo que el fin justifica los medios.

Y por último y en parte lo que me ha hecho escribir esta entrada y recordar el caso es fundamental mirar a los ojos y respetar a la persona que nos está poniendo su historia en nuestras manos, para mí es muy triste cuando alguien te cuenta su historia y ves que lo cuenta tan mecánicamente que le quita corazón, que lo ha relatado infinidad de veces.

Cada persona es única y única es su historia, no la pervirtamos.

Y por eso mismo no te dejes influir, eres tú el lado que evalúa, coordina, y diagnostica, debemos poner pasión en lo que hacemos, pero también profesionalidad, es tu marca, tu diferencia.

Si te parecen interesantes este tipo de entradas dímelo en 
los comentarios o en las redes sociales y poco a poco 
iré desgranando casos que que me moldearon los primeros años 
de práctica profesional, lo bueno y lo malo, mis virtudes 
y mis "taras" y mi por qué de esto.